La Crisis de Identidad, un paso necesario en la construcción del Yo

Si bien la crisis de identidad aparece con más fuerza y presencia durante la adolescencia, resurge también en distintos momentos de la vida de un individuo. La inestabilidad emocional que acompaña este momento vital, es una de sus principales características. Quizás por cuestiones que quedaron pendientes en la infancia o en la etapa puberal o que se presentaron difusas a lo largo de la vida, la construcción de un Yo débil y sin raíces, provoca la imposibilidad de crear relaciones sanas y positivas para el individuo.

El desarrollo evolutivo del hombre atraviesa siempre distintas crisis, que significan en sí mismas, cambio. Pero no siempre el individuo está preparado para asumirlas como tal. Una de las etapas donde mas se evidencia la crisis de identidad es en la adolescencia, donde el individuo debe dejar su entorno de infancia y buscar otros roles que le pertenezcan, lo definan y le permitan Ser.

Es importante tener en cuenta que cualquier crisis es un estado temporal de trastorno y desorganización, y de inestabilidad emocional y se caracteriza por  la imposibilidad del individuo de resolver situaciones particulares o generales con los mismo métodos o maneras que solía utilizar. Las crisis obligan a redefinir quiénes somos para saber luego qué somos y como actuar en consecuencia. Es por eso que la crisis de identidad puede aparecer en cualquier momento del desarrollo de la personalidad. Todas las etapas de un ser  humano implican en cierto modo crisis de identidad. En la adultez, al afrontar pérdidas fuertes como la pérdida de empleo, la muerte de un ser querido, o un divorcio, el individuo se ve obligado a mirarse a sí mismo y a encontrar nuevas maneras de reaccionar y enfrentar la vida. Es por ello que un entorno familiar equilibrado psicológicamente, en armonía y con un sustento afectivo consolidado es fundamental para atravesar estos momentos desestructurantes, que conllevan momentos de gran inestabilidad emocional.

La identidad es  el resultado de la vinculación de tres formas de integración: la espacial, la temporal y la social. Todas estas viculaciones conforman el autoconcepto, es decir el conjunto de características que conforman la imagen que un sujeto tiene de sí mismo. Este concepto de sí mismo no permanece estático a lo largo de la vida sino que se va desarrollando  y construyendo como proceso. En el autoconcepto interviene la autoconsciencia y de manera fundamental la autoestima.

En la superación de la crisis de identidad, es importante contar con la asistencia de un psicoterapeuta que ayude al individuo a encontrar los factores que intervinieron en la construcción de su Yo, de su autoconcepto y la valoración de su autoestima.

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