Después de haber repasado los problemas y las señales que los preceden voy a dar una serie de sencillas recomendaciones para intentar reconducir la situación,

1. Hablar solo cuando los ánimos estén calmados. Cuando las emociones como la ira, la rabia, la frustración son muy fuertes es recomendable tomarse un tiempo para “tranquilizarse”, ya que no se puede decir que sean un buen momento para la comunicación.
2. Escuchar empáticamente. Estos implica escuchar sinceramente al otro, esto requiere el esfuerzo de meterse en el universo del otro, de entenderlo, intentar que se sienta realmente comprendido.
3. Escoger y hablar de un solo tema.
4. Hablar en primera persona.
5. Igualar las posiciones. Para que una negociación justa sea posible, ambos tienen que tener la misma fuerza y peso para decidir, porque si sólo uno se sacrifica en pos del otro, esto no puede acabar bien.
6. Ceder en búsqueda del punto medio. Para que un acuerdo sea efectivo debe satisfacer a ambas partes.
7. Salir del aislamiento y mejorar la calidad de vida. Para tener una relación equilibrada es importante tener ratos de tranquilidad, de diversión, de compartir con los amigos, de perder el tiempo juntos, en definitiva de ocio y disfrute, porque ello contribuirá a que ambos nos sintamos más relajados y más satisfechos con nosotros mismos. Estar en contacto con el exterior ayuda a relajarse.

Un punto muy importante en la salud de cualquier pareja es la vida sexual.

La vida sexual de una pareja se puede interpretar como una especie de “termómetro de la relación”; una forma de saber qué tal se encuentra nuestra relación de pareja.

Resulta obvio que la sexualidad cambia en la medida que una relación de pareja evoluciona, la pasión desenfrenada propia de la etapa de noviazgo da paso a una vida sexual estable, que no por ello ha de ser aburrida, la frecuencia sexual no es que disminuya sino más bien se normaliza, se podría decir que lo anormal es el inicio, el apetito sexual se auto-regula en el seno de la relación.

Ahora bien, la sexualidad humana es un campo muy sensible a problemas de otro origen, no debemos olvidar que estamos hablando de algo tan complejo como el deseo y las emociones.

Esto implica que si la comunicación falla, que si la confianza se diluye, si la sensación de apoyo y comprensión mutua se disipa, si el rencor le quita el sitio al amor en el espacio emocional, si la distancia emocional entre ambos miembros de la pareja crece cada día, en esta situación es muy fácil que el deseo sexual se resienta.

Muchas de las demandas que hacen a nuestro centro por falta o disminución del deseo sexual, terminan siendo derivadas a terapia de pareja, ya que los conflictos irresueltos impactan con especial rapidez el ámbito de la sexualidad de pareja.

Aquí surge una pregunta, ¿la terapia de pareja ayuda a resolver los conflictos?

Pues sí, la terapia de pareja puede ser un espacio muy propicio para el re-encuentro de la pareja.

Requiere la implicación activa de ambos miembros de la pareja y digamos que el terapeuta es un mediador estratégico, entre los muchos malos entendidos que se van acumulando en la propia historia de la relación de pareja.
Aquí está en juego lo que realmente desean las parejas, algunas están muy comprometidas con el proceso, otras vienen “medio” obligadas y con una actitud negativa frente a la terapia, acceden a hacer una terapia no porque crean en ella, sino por demostrarle a su marido o mujer, que ellos estaban dispuestos a intentarlo todo.

Para que una terapia de pareja sea efectiva, se necesita el compromiso, la voluntad, el esfuerzo y las ganas de hacer que la relación vuelva a funcionar.

En ocasiones la terapia de pareja puede ayudar también a negociar una separación sana y lo menos traumática posible si la decisión de la separación es irreversible